[…] A lo largo de toda la obra se van intercalando pasajes de las dos épocas y, curiosamente, en ambos casos, aunque se esté saboreando el que se tiene entre las manos, no se puede dejar de pensar en qué estará sucediendo en la otra línea temporal. La numeración es tan original como efectiva, pues en la época antigua se emplean números romanos y número arábigos en la actual.
Uno de los mayores logros de la novela reside en la extraordinaria diferenciación estilística entre sus dos líneas temporales. Pablo Sebastiá Tirado afronta ambas historias como si hubieran sido escritas por autores diferentes, y no exagero cuando digo que me parece un ejercicio extraordinario de disociación, ya no argumental, que también, sino de voz. La narración correspondiente al pasado adopta una prosa de resonancias arcaicas, solemne y deliberadamente distante, perceptible tanto en la elección del léxico como en la sintaxis, la cadencia y la construcción de las imágenes. En contraste, la línea contemporánea se expresa mediante un lenguaje inequívocamente moderno, ágil, directo y cercano. La transformación trasciende, por tanto, el mero vocabulario y alcanza la propia textura de la prosa, dotando a cada época de una identidad literaria perfectamente diferenciada.
Impío tiene uno de los comienzos más impactantes que he leído en mucho tiempo, engancha y ya no suelta al lector hasta llegar a un final inopinado y evocador.
Con estos mimbres, Pablo Sebastiá Tirado, ha creado una elegante mecedora en la que balancearse entre dos épocas, haciendo que el lector se zambulla en una experiencia onírica que no olvidará.
(Eduardo S. Petite)